Publicado el | Categoría

“La justicia de Dios, precisamente irritado por el exceso de ingratitud del hombre que acababa de abusar tan horriblemente de su amor y de sus dones, pronuncia un terrible juicio contra él y, como consecuencia necesaria, contra toda su posteridad; fue condenado a la muerte con la cual le había amenazado en caso de infidelidad. Le expulsa y destierra ignominiosamente del centro glorioso que había profanado, y le precipitó a las entrañas de la tierra, donde se vio obligado a revestirse de un cuerpo de materia con el que se arrastró sobre la superficie con los demás animales, con los cuales acababa de asimilarse.

En el exceso de su aflicción, y excitado por el consejo saludable de un diputado divino que le fue enviado, reclamó la clemencia del Creador, reconoció y confesó su crimen, y se sometió a la expiación.

La misericordia aceptó su arrepentimiento, y viéndole amenazado por toda la furia de su enemigo, de quien acababa de convertirse en esclavo, lo tomó bajo su protección para preservarle de los nuevos peligros a los cuales fue librado; y para humillar más fuertemente a su insolente enemigo, un poderoso Mediador y Reparador le fue prometido para venir a rehabilitarle durante la duración de los tiempos; este vino, y por su sacrificio voluntario expiatorio del crimen del hombre ha devuelto a la vida eterna a todos los que han querido y a aquellos que querrán, hasta el fin de los tiempos, reconocer su mediación poderosa”.

Angel Caido_1.jpg

Jean-Baptiste Willermoz, 2º Cuaderno, Respuesta a la 1ª cuestión del Hermano Lajard de Montpellier, del 22 de marzo de 1818, sobre la eternidad de las condenas.


Régimen Escocés Rectificado. Masonería Cristiana. Convento de las Galias de 1778 y de Wilhelmsbad de 1782.

© 2019 - Diseño: nuestr@web.net - Imágenes y contenido: GPRDH